Ya la bautizaste.
Da un paso más.
Mírala en tu vida cotidiana.
Cuando la veas...
Llámala por su nombre...
Y solo dile:
Ahora te puedo ver.
Cada vez que la pongas en evidencia
se hará más pequeña.
Y poco a poco,
retomarás las riendas.
Ya te veo
y mientras te vea,
yo decido.